OCIO, ENTRETENIMIENTO, HUMOR

No, la «bufantoína» no existe: puntualizaciones ante la cobertura mediática del caso de Nacho Vidal

#15 Voy a intentar explicarlo porque me parece importante.
La primera toma de contacto fue en el jardín de la casa de unos amigos, un entorno muy seguro y controlado. Cuando la sustancia me hizo efecto, comencé a ver cómo los rayos del sol se convertían en algo no sólo palpable, sino además interactivo. Vi y sentí cómo los rayos de sol eran como retazos de una seda muy fina que se me enroscaban por las piernas, por los dedos, por las manos. Como si me envolvieran. Y después de eso vi cómo entraban en mi, podía percibir mis pulmones, mi estómago, mi corazón, envueltos en rayos de sol. Recuerdo con toda claridad pensar que si me masturbaba y eyaculaba, eyacularía rayos de sol. Miraba a mi alrededor y veía a todos mis amigos igual, envueltos en sol. Y los árboles, incluso la casa. Fue una especie de comunión solar con todo lo que me rodeaba, que brillaba de dentro a fuera y de fuera a dentro. No tuve sensación de desconexión de la realidad, más bien de descubrimiento a una nueva realidad que siempre había estado ahí y yo no había sido capaz de percibir antes.
En otro viaje tuve plena conciencia del crecimiento de mi pelo y mis uñas. No de forma descontrolada, pero de forma muy concreta. Podía sentir cómo los folículos de mi cabeza trabajaban, vibrando a muy baja frecuencia, sacando el pelo del interior de mi piel hacia fuera.
Todo esto puede sonar ridículo pero lo estoy intentando exponer de la mejor manera que puedo.
También tuve una conversación cuyo contenido me voy a reservar, con un personaje de las revistas del corazón que salía en la portada. La revista estaba allí, en una mesa, y el personaje cobró vida dentro del papel, me habló y le contesté.
Sé que es imposible ya que sólo era efecto del LSD, pero también te digo que si me hicieran pasar la prueba del polígrafo y me preguntaran si he mantenido una conversación con ese personaje, el resultado diría que no miento. Porque tuve esa conversación.
Perdón por el tocho.

menéame