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Dónde falla el contrato social básico

El contrato social falla mucho antes: cuando se nos dice que nos gobernamos a nosotros mismos y luego en realidad lo hace una élite... y nos damos cuenta. Una élite que además dice que está ahí para satisfacer nuestros deseos, como esos reyes de los cuentos, tan bondadosos con sus súbditos.

Si es esa élite la que nos puede dar, la que nos dice que le pidamos, la que tiene el poder de dar, y el derecho a recibir ¿por qué no íbamos a decirle "qué hay de lo mío"?
“Si se me pregunta por la razón de la obediencia que hemos de prestar al gobierno, me apresuraré a contestar: porque de otro modo no podría subsistir la sociedad; y esta respuesta es clara e inteligible para todos. La vuestra [la de los contractualistas, nota del autor de este mensaje] sería: porque debemos mantener nuestra palabra. Pero, aparte de que nadie no educado en un cierto sistema filosófico puede comprender o encontrar de su gusto esta respuesta, os veréis en un apuro si os pregunto a mi vez: ¿por qué hemos de mantener nuestra palabra?; y no podréis dar otra respuesta que la que habría bastado para explicar de modo inmediato, sin circunloquios, nuestra obligación de obedecer.”
(Hume, "Del Contrato Original")

Son las circunstancias y las necesidades que surgen en el grupo las que hacen que este tienda a constituirse en grupo socio-político. Las superestructura de este grupo social (política, ideología, jurisdicción, instituciones) que llegue a ostentar la hegemonía será resultado de las relaciones y necesidades materiales que se dan en este grupo. Las teorías
"contractualistas" pecan de idealistas: parten de la idea de que una negociación "a priori", y además entre iguales, sea la base de la superestructura resultante (concepto que ellos mismos reconocen ser un idealismo). Y a partir de ese falso supuesto (que fue un gentil acuerdo entre iguales la causa) legitiman y defienden que el contrato deba permanecer en el tiempo: de ahí que Rosseau ponga hincapié cuando dice: "enseñando a tales sucesores a respetar sus instituciones o que otro famoso contractualista más moderno, Rawls, necesite recurrir a ese idealismo del "velo de la justicia" para poder justificar su propuesta:

www.meneame.net/m/Artículos/critica-liberalismo-politico-teoria-justi (y sí, no es muy alegante autocitarse pero los mensajes no pueden ser infinitos).

Sin embargo me atrevo a decir que la realidad material contradice ese supuesto: todo "contrato" (que de contrato no tiene nada, digámoslo claro: toda superestructura hegemónica) nace de unas determinadas relaciones de poder entre diferentes. Como el mismo Rosseau reconoce, que el "contrato social" nazca de una negociación entre iguales es un idealismo (y nuestra constitución puede ser uno de los mejores ejemplos de esto). De ahí que el pulso entre quienes quieren cambiar el contrato y quienes no siempre exista, de ahí que el pasado siempre sea juzgado: porque no existe ningún contrato, porque lo que existe en realidad es siempre una lucha por la hegemonía dónde unos ganan y otros pierden. Será la realidad material de cada momento la que permita o no que ese orden cambie, lo que permita o no que las nuevas exigencias pasen a formar parte de la superestructura dominante: ese es el espíritu de la lucha entre "progresismo"(ese concepto hoy tan apaleado y malentendido como idealismo) y "conservadurismo": realidades materiales que permiten nuevas ideas que a su vez crearán nuevas realidades materiales que de nuevo permitirán nuevas ideas, etc... Desde luego como bien señala Hume sin una serie de mínimos a respetar la vida en sociedad se hace imposible, y esto es importante inculcarlo a todos los individuos en sociedad. Pero de esto a decir (como defiende Rousseau) que "la sociedad de hecho es un contrato" hay un trecho, pues con esto se viene defiender un acuerdo que en realidad nunca existió. Y como no existe tal contrato, no podemos exigir a lo integrantes de la sociedad que lo respeten como sagrada escritura: las nuevas demandas, todas, deben ser, como poco, atendidas y rechazadas con algo más de argumentación que simplemente señalando con el dedo una supuesta sagrada escritura. Tal vez si nos preocuparamos de argumentar más que de presentar la constitución como una sagrada escritura muchos de los problemas políticos que hoy en día tenemos no serían tales.

CC: #6 #0 #3
#7 Para mí siempre ha sido obvio que lo del "contrato" es una alegoría sobre el cómo se ha de decidir cuáles son las leyes y el por qué hemos de cumplirlas.

De todas formas los contratos no tienen por qué ser escritos y firmados, un contrato de palabra es tan válido como uno escrito, y los gobernantes hacen contratos con nosotros: si tu me votas y yo gobierno, yo legislo X y lo obedeces. Deberían cumplirlo y legislar X y no Y, para que nosotros tengamos obligación de cumplir nuestra parte y obedecer las leyes... :-D
#8 De todos los leídos, eres con quien más de acuerdo estoy.

:-)
#6 El problema (tal y como lo veo yo) es que no podemos decirles a quienes legislan, gobiernan, dirigen un país que lo hagan de un modo u otro. Uno de los problemas básicos en esta construcción social humana es que tendemos a ver un país como a una empresa y eso es lo más alejado de lo que debería o podría ser. No digo que tenga las claves de nada, por supuesto que no, pero no se debe llevar un país como si fuera un comercio, una tienda.

Y esa élite que existe es porque nosotros creemos que debe existir, si no sería imposible que se mantuvieran desde hace siglos. ¿Por qué es así? Supongo que un sociólogo podrá explicarlo mejor. Pero creo que este sistema existe porque lo que importa es la defensa de la prole, todo el resto es anecdótico. Si tiramos de ese hilo, creo que llegamos a ese final. CREO.
#9 A lo mejor incluso es necesario que esa élite exista (yo no lo creo, ver abajo *), pero lo que me parece obvio es que esa élite debe tener unos límites, y el sistema de límite basado en "si no te gusta lo que hago no me votes dentro de cuatro años" me parece que no funciona. Casi siempre son las mismas caras (o clones de los anteriores), e Incluso los que vuelven a apoyar a los mismos no están contentos con lo que acaban haciendo.

Como mínimo es necesario un mecanismo más efectivo para poner límites a la élite, y para empezar yo siempre defiendo el sistema suizo de referendums convocados obligatoriamente con una recogida de firmas ciudadana, que sirve tanto para retirar leyes que no tienen el apoyo mayoritario de los ciudadanos como para instar al legislador a crear leyes nuevas que sí lo tienen (sirve incluso para modificar la constitución). El sistema funciona: la historia y el nivel social y económico de Suiza lo demuestran. Yo lo veo, no simplemente una forma de empoderar democráticamente al ciudadano, sino como una forma de contener al legislador de tomar decisiones que con el rechazo en referendum le pueden salir caras para su carrera política.

Solo si el ciudadano tiene verdadera participación directa en la gestión se le puede exigir responsabilidad.

* (al parecer Bélgica
www.clarin.com/mundo/-democracia-sorteo-apuesta-belgica-dar-poder-ciud
se dispone a ensayar sistemas de democracia más directa a pequeña escala, habrá que estar atentos)

menéame