EDICIóN GENERAL

Paco Lobatón, víctima de Billy el Niño: «Quisiera reivindicar la memoria de las víctimas»

No consiento que os metáis con el distinguido escritor Alfonso Ussía, autor de joyas literarias como el Manual del ecologista coñazo o Pachucha tirando a mal. Hablando en serio. No hay nada más patético que este juntaletras que ha jugado muy mal las cartas del humorismo español. Una cosa es ser gracioso y otra tener gracia. Rebañando las sombras de gente mucho más talentosa que él (Mingote, sin ir más lejos), Ussía nunca estará a la altura de la tradición española del columnismo, como Julio Camba, Wenceslao Fernández Flórez, Paco Umbral o Jaime Campmany. Este último, aunque no era de mi cuerda política, no solo escribía muy bien, sino que poseía cierta nobleza de la que carece este desgarramantas. El peor castigo lo recibirá tras su muerte, cuando salden por cincuenta céntimos todas sus cremosas naderías en la cuesta de Moyano y no las compre ni Dios. Al final le pasará como a ese otro impresentable al que literariamente no le llega ni altura del dedo meñique del pie, José María Ruano, quien dijo: "Cambié el oro de la gloria por la calderilla de la popularidad". A Ussía hay que atacarlo donde más le duele, su más que absoluta y demostrada falta de talento. Cabrón.

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